¿QUÉ ES EL PANGEÍSMO?
El «pangeísmo» recoge huellas de muchos tiempos y lugares. Como en un bosque, hay distintas maneras de entrar en él y ninguna definición alcanza a agotarlo. Aun así, en su forma contemporánea puede describirse como una corriente y práctica filosófica surgida en el siglo XXI, orientada a la convivencia armónica y pacífica entre los existentes. También conocido como «el camino del árbol», se presenta como una filosofía forestal inspirada en el árbol, el bosque y la tierra, a los que reconoce como maestros y fuentes de aprendizaje. En ella confluyen saberes y sensibilidades de distintas épocas, y su cosmovisión y su ética se basan en la interdependencia. Para el pangeísmo, toda existencia forma parte de una continuidad sagrada y nada existe por separado. Todo se mueve, todo vive y todo está en relación.
En su dimensión práctica, el pangeísmo organiza su ética alrededor de tres orientaciones fundamentales: cuidar, cohabitar y compartir, conocidas como las 3C o prisma pangeísta. Este prisma funciona como un criterio para la toma de decisiones y propone que cada acción y cada pausa sea precedida por tres preguntas: ¿estoy cuidando?, ¿estoy cohabitando?, ¿estoy compartiendo? Cada una de estas preguntas contiene distintas dimensiones y busca traducir la interdependencia en una práctica cotidiana.
El horizonte de este movimiento es la reconciliación sostenible, entendida como un proceso continuo de convivencia y renovación de los lazos de confianza entre los existentes. En este marco, todo propósito busca integrar armónicamente la acción singular (el árbol) con la ética orgánica del plural (el bosque).
Los pangeístas se reconocen como nodos dentro de la trama de la vida, y no como individuos cerrados y autosuficientes. Desde esa comprensión, aspiran a vivir como nodos de armonía: presencias sensibles y conscientes de que cada interacción deja huella y procuran que aquello que las atraviesa continúe su recorrido de un modo más cuidado, menos violento y más armónico.
Junto con las 3C, el pangeísmo propone las 5P (presentificar, plantarse, pausar, pacificar y pluralizar) como gestos orientadores para la vida cotidiana y la convivencia. Estas prácticas buscan volverse hábitos y se inscriben en lo que el pangeísmo denomina ética del pisar leve.
En tanto cosmovisión, el pangeísmo entiende que la interdependencia es la condición esencial de todo existente. Cada singular está en relación y pertenece a una continuidad viva que lo precede, lo atraviesa y lo excede. Por eso, el concepto de «individuo» (lo indivisible) es considerado como una ilusión de separación; cada ser es infinitamente divisible porque su propia existencia siempre depende de otros: materias, energías, relaciones, procesos, herencias, elementos, culturas, lenguas. Para el pangeísmo, cada singular es único y plural a la vez: único en su forma, plural en su composición.
Desde esta mirada, el ser humano no se piensa por fuera de la naturaleza, sino como una de sus formas. De ahí surge una mirada forestal y ecocéntrica de la existencia, en la que lo humano no ocupa el centro. Esto se expresa en la imagen de los seres humanos como células del organismo vivo Tierra (Gea), que forma parte del organismo vivo Universo, integrado a su vez en un Pluriverso abierto y multidimensional.
En términos ontológicos, el pangeísmo sostiene que todo está vivo, todo está en movimiento y todo está en relación. La existencia es comprendida como una continuidad sagrada, abierta y multidimensional, moderada por tres principios fundamentales (las 3D): el devenir cíclico, la diversidad interconexa y la deconstrucción de sentidos, que los pangeístas incorporan como guías para aprender a vincularse en paz.
El devenir cíclico refiere al movimiento permanente de la existencia y a su continuidad a través de ciclos en los que aquello que retorna lo hace transformado; la diversidad interconexa expresa que toda existencia es plural, depende de relaciones y solo puede existir en interdependencia; y la deconstrucción de sentidos reconoce que, ante el cambio y la diversidad, no existen miradas, interpretaciones ni modos únicos de hacer las cosas.
En conjunto, las 3D buscan desplazarnos del apego a la fluidez, del aislamiento a la interdependencia y del fundamentalismo al pluralismo.
Cuando esta comprensión deja de ser solo una idea y se vuelve experiencia, el pangeísmo habla de síncope pangeísta o del “darse cuenta”: una toma de sensibilidad y conciencia en la que la interdependencia deja de percibirse como una idea abstracta y se vuelve una vivencia sensible. No alude a un conocimiento meramente racional, sino a un cambio de ritmo existencial.
Desde ese corrimiento del ego hacia la relación, el pangeísmo propone pasar del Homo sapiens al Humus sapiens: comprender que la sabiduría no reside únicamente en el ser humano, sino también en la tierra. Este pasaje rescata el origen de la palabra «humano», vinculada con humus, tierra fértil o compost, y desplaza la idea del «hombre racional» hacia una comprensión más humilde y reconciliadora.
El pangeísmo también invita a repensar el lenguaje como parte de esa transformación. A través de lo que denomina el lenguaje del bosque (o lengua forestal), recupera sentidos antiguos, entrelaza conceptos de distintas tradiciones y propone nuevas expresiones para nombrar una mirada relacional de la existencia. Este vocabulario no busca construir un idioma cerrado, sino abrir palabras, imágenes y conceptos que ayuden a cuidar, cohabitar, compartir y vivir-con.
De esta manera, el pangeísmo se presenta como un corpus articulado de principios, valores, prácticas, propósitos, palabras y modos de sentido, entre los que se destacan la ley de la hospitalidad, el valor de la inofensividad y la apertura compasiva, entendidas como orientaciones éticas y formas concretas para comenzar a vivir como Humus sapiens.
En conjunto, constituye una declaración de intención y un llamado a la acción para la convivencia respetuosa y armónica de todos los existentes.
En cuanto a su origen, aunque su articulación contemporánea surge en el siglo XXI, el pangeísmo se concibe como una confluencia de sabidurías, sensibilidades y experiencias provenientes de distintos tiempos y lugares. De allí surge la idea de que «nace desde antes de nacer»: su expresión actual articula intuiciones y preguntas anteriores a su nombre.
Por ello, no atribuye su origen a una figura fundadora ni a un momento preciso, y no se organiza alrededor de personalismos. Entiende su germinación como una emergencia relacional y abierta, semejante a la de un bosque, nacida del encuentro entre múltiples raíces, mundos y dimensiones.
En términos pangeístas, si alguien quisiera buscar a sus maestros, quizás tendría que empezar por preguntarle a los árboles, la tierra y el bosque.
Extracto extraído de pangeismo.org
